El país fue noticia estos últimos días por un informe de Naciones Unidas, relativo a la situación de los Derechos Humanos. El nivel de represión llega a tal punto, que la pena de muerte se impone a quienes compartan o consuman contenidos de medios extranjeros. Quienes son descubiertos distribuyendo contenido surcoreano, son ejecutados públicamente. En la última década la represión se ha intensificado, según la Oficina de Derechos Humanos de la ONU. Mientras el régimen refuerza el control sobre su población, apuesta a la disuasión nuclear, como quedó reflejado en agosto de 2025, cuando el Centro de Estudios Estratégicos e Internacionales en Washington reveló que Corea del Norte dispone, cercana a la frontera con China, una base operativa con misiles intercontinentales dotados con ojivas nucleares, siendo un riesgo cierto para la seguridad de Estados Unidos.
Por Jorge Alejandro Suárez Saponaro | Columnista de Diario El Minuto
El Alto Comisionado de Naciones Unidas, Volker Türk, sostuvo que si la situación descripta en el informe realizado por la Oficina de Derechos Humanos del citado organismo internacional, los norcoreanos «se verán sometidos a más sufrimiento, represión brutal y miedo que han soportado durante tanto tiempo». El estudio se hizo sobre la base de 300 entrevistados que habían logrado huir de Corea del Norte en los últimos diez años. La represión se hizo más intensa a partir de 2020, con la vigencia de leyes más severas que extienden el empleo de la pena de muerte a la distribución de contenido extranjero considerado “subversivo”.
Kim Jong-un llegó al poder en 2011 y luego de una tímida apertura con promesas de mejoras en la calidad de vida, las tensiones con Estados Unidos por el programa nuclear norcoreano intensificaron la represión. El régimen apostó decididamente a la cuestión militar, a costa del nivel de vida de la población. Durante la crisis del COVID-19, según fuentes de los exiliados, las muertes fueron significativas, agravadas por la escasez de alimentos y medicamentos, lo que alimentó la mortalidad. El régimen endureció los controles del mercado negro, fuente de recursos de muchas familias, y convirtió al país en una verdadera prisión a cielo abierto.
La intensa represión impacta especialmente en los sectores más pobres, reclutados en brigadas de trabajo y sometidos a pesadas cargas en obras públicas y minería. Muchos de ellos terminan huyendo por el hambre y las condiciones de vida impuestas. Existen pruebas de que menores en estado de calle o sin familia son empleados masivamente en trabajos obligatorios. Naciones Unidas subraya que Corea del Norte no forma parte de la Organización Internacional del Trabajo y que el trabajo forzado está extendido, afectando a empleados públicos, presos y mujeres.
La alta mortalidad de los trabajadores de estas unidades, pone en evidencia las condiciones realmente precarias. La situación es dramática en los campos de trabajo o reeducación, donde miles de prisioneros políticos rara vez salen con vida de allí.
En un informe 2025 de la reconocida ONG Human Right Watch señala: En agosto, un tribunal condenó a una mujer y a sus padres a 10, 9 y 8 años de trabajos forzados por recibir dinero del extranjero y poner en contacto a personas con familiares en Corea del Sur. La sentencia se dictó en un juicio público en Hoeryong, provincia de Hamgyong del Norte.
Las características del régimen, imponen una situación de aislamiento, teniendo pocos contactos, destacándose la tradicional alianza con China. No obstante, para Pekín, Corea del Norte no genera dividendos importantes de esta relación de más de siete décadas. Las tensiones giran en torno al programa de misiles balísticos, que incrementan las tensiones con Estados Unidos y sus aliados en la región (Corea del Sur y Japón), fomentando mayores inversiones militares, un incremento de la presencia de las fuerzas armadas de Washington en el área, algo que perjudica claramente a Pekín, que aspira a que la Casa Blanca distraiga recursos, en vez de concentrar todo su potencial en el Pacífico. El papel en la economía norcoreana de China es de vital importancia, dado que más del 90% de su comercio externo, además provee asistencia alimentaria y energética.
El interés de Pekín, fuera de la retórica de una “Corea desnuclearizada” es mantener su rol de garante del status quo entre los dos estados coreanos, evitar una guerra no deseada que impacte directamente en la seguridad china, además de servir de “amortiguador” entre la democrática Corea del Sur y el régimen de Pekín. Por otro lado, su influencia sobre Pyongyang, se proyecta en las relaciones con Estados Unidos, donde los chinos emplean la “carta norcoreana” como “moneda de cambio” en las complejas relaciones con Washington.
El régimen de Kim estos últimos años tuvo un acercamiento con Rusia, en el marco de las maniobras geopolíticas del Kremlin. Hábilmente, los rusos fomentan una mayor dependencia de Corea del Norte, que impacta en lo económico y político. Pyongyang, posiblemente acepte esta relación desigual, para limitar la influencia china y obtener apoyo en materia de tecnología nuclear y capacidades militares, además de cobertura diplomática. En junio de 2019 fue suscripto un tratado de defensa mutua. Esto se inserta en la determinación de Corea del Sur de apoyar económicamente a Ucrania, especialmente en materia de ayuda humanitaria y económica, agregándose la posibilidad de habilitar la asistencia en el plano militar. El acercamiento de Moscú con Corea del Norte, es un mensaje claro a Seúl, sobre abrir dicha posibilidad. Cabe destacar que el gobierno surcoreano se ha visto presionado por Washington para apoyar su política hacia Kiev. Un juego delicado por los surcoreanos, que veían hasta hace no mucho tiempo a Rusia como un factor de mediación y moderación con el régimen norcoreano.
Corea del Norte ha enviado a miles de soldados a los campos de batalla en Ucrania, permitiendo adquirir experiencia de combate, algo que es fuente de preocupación para Corea del Sur. Rusia a fin de evitar reducir la vulnerabilidad de sus plantas industriales de ataques ucranianos, emplea las capacidades norcoreanas de producción de municiones y material de artillería (de tecnología soviética/rusa). Se estima que las capacidades industriales de Corea del Norte han llegado al máximo. Esto tiene su impacto económico para el régimen de Pyongyang, dado las severas sanciones internacionales por su programa nuclear militar. La alianza con Rusia incluyó el envío de 12.000 soldados, más 2600 efectivos de fuerzas especiales, movilizados hacia la zona de Kursk, ocupada por ucranianos.
Los norcoreanos recibieron adiestramiento adicional. Informes de inteligencia de Corea del Sur y Ucrania, revelaron que las tropas de Corea del Norte, fueron desplegadas no solo para adquirir experiencia, sino probar sistemas de armas, como drones de desarrollo propio. Desde Seúl se afirma que pilotos norcoreanos recibieron entrenamiento en modernos cazas rusos, no siendo descabellado que hayan actuado en los cielos ucranianos. Las características del régimen norcoreano, obligan a los soldados a luchar o afrontar ir a parar a un campo de trabajo forzado por deserción o indisciplina, por ende, las tropas de Corea del Norte luchan con especial denuedo, a pesar del elevado número de bajas, dado su falta de experiencia. A pesar de ello, permitió al Kremlin, distraer a las fuerzas ucranianas en la región rusa de Kursk y poder recuperarlo. Fuentes ucranianas estimaron que unos 30.000 soldados norcoreanos serían enviados a reemplazar las pérdidas sufridas por Pyongyang, aprovechando lecciones aprendidas, especialmente en materia de uso de drones, inteligencia artificial y los desafíos del teatro de operaciones ucraniano. A dicho número de soldados, se cree que unos 5.000 soldados serán desplegados en tareas de desminado y reconstrucción de infraestructuras en Rusia.
Los nuevos despliegues de tropas norcoreanas, hacen saltar las alarmas a Corea del Sur. El vecino norteño está adquiriendo experiencia de combate real y un intenso intercambio de experiencias. Se cree que Kim arriesga emplear fuerzas de elite de su ejército, a pesar de la tasa de bajas. Las tropas son trasladadas por mar hasta el puerto ruso de Vladivostok y en los distritos militares siberianos, los norcoreanos son entrenados por los rusos y luego enviados al frente. Rusia encontró una vez más un mecanismo para preservar sus reservas de personal instruido y gracias a la industria norcoreana, cuenta con un valioso proveedor en la retaguardia, lejos del alcance de cualquier acto de sabotaje ucraniano.
Estamos frente una nueva alianza estratégica, donde las partes obtienen ganancias, donde Rusia jugará un papel en posibles negociaciones entre Estados Unidos y Corea del Norte por la cuestión nuclear, además de ganar un mercado cautivo para productos rusos. Pyongyang obtuvo experiencia operativa real como posible acceso a tecnología militar puntera rusa. Es posible que Moscú traslade a los norcoreanos el modelo de cooperación con Bielorrusia, donde claramente hay una complementación en el plano económico y militar.
La decisión del régimen de abandonar a fines del año 2023 la idea de unificación del país, que habilitaba a cierto diálogo con el sur, es funcional al modelo político imperante en Corea del Norte. El considerar la existencia de un enemigo permanente en el sur, habilita a justificar acciones contra “traidores” o “saboteadores” y por ende un mayor nivel de represión como vaticinaba el Alto Comisionado de Derechos Humanos de Naciones Unidas.
El pragmatismo del miedo.
La república Popular Democrática de Corea (RPDC) nació en 1949, gracias a la ocupación soviética, en el marco de un acuerdo con Estados Unidos, luego de la retirada japonesa de la península coreana. Al sur del paralelo 38 quedó formado un estado pro occidental y al norte, uno pro soviético. En este último caso, un antiguo guerrillero comunista, Kim Il sung, emergió como líder indiscutido (personaje de origen oscuro, todavía existen muchas controversias sobre cómo llegó a un lugar tan destacado).
En 1950, con apoyo discreto de Moscú el Norte invadió Corea del Sur. La respuesta de Estados Unidos no se hizo esperar y vino de la mano del brillante general Douglas McArthur. La contraofensiva llevó al borde de la derrota a los norcoreanos, que gracias a millares de “voluntarios” chinos el frente se estabilizó en la actual frontera, que es en verdad una línea de armisticio. Desde ese entonces, miles de hombres se vigilan el uno al otro en una de las zonas más militarizadas del planeta.
El régimen norcoreano comenzó a desarrollar su propia vía al socialismo, discretamente pro soviético, en el marco de la ideología Juché, donde el marxismo se mezcló con nacionalismo, cultura tradicional y un exagerado, hasta rozando lo patológico, culto a la personalidad del líder, Kim Il sung. A ello se une un brutal sistema de castas, conocido como Songbun. Esta palabra significa “origen” e implica para cada persona, estar marcada su vida por nacimiento. En 1957 comenzó un proceso de investigación sobre los orígenes de los norcoreanos, que terminaría en los 60. Según lo que hicieron sus antecesores, sería el destino del ciudadano, desde su lugar de residencia hasta su ocupación. Este sistema determina la existencia de una «clase central» leal, una «clase vacilante» sospechosa y una «clase hostil» políticamente poco fiable. A su vez hay medio centenar de subcategorías como quienes pertenecían a la clase indecisa, quienes eran terratenientes antes de la llegada del comunismo al poder, o quienes residían en la mitad sur de Corea antes de 1945.
La historia política de los padres, abuelos y parientes, incluso primos segundos, también es un factor determinante en el proceso de clasificación. Según el último Congreso del Partido, celebrado en 1980, aproximadamente el 25% de la población pertenecía a la clase central, el 50% a la clase indecisa y el 25% restante, relegado a la clase hostil. Este historial no es de acceso público y siempre es tomado en cuenta para acceder a un empleo o solicitar un permiso de viaje (no existe libertad de movimientos internos). Por ejemplo, los que viven en la capital, es porque tienen un buen “songbun”, mientras que más de la mitad de los norcoreanos no están autorizados, ni a visitar Pyongyang y menos vivir en ella. Ello no ha impedido la aparición de una suerte de clase media, como queda reflejado en la existencia de 7 millones de líneas móviles y la construcción en nuevos centros vacacionales, pero la presión inflacionaria y la constante represión genera interrogantes sobre el crecimiento de los sectores medios y la capacidad de la economía local de satisfacer sus demandas en bienes.
Los leales descienden de quienes lucharon contra los japoneses desde 1910 hasta la II Guerra Mundial; los combatientes de la guerra de Corea y los “camaradas” de Kim Il-sung, presidente eterno del país y creador de este sistema de castas. Los privilegios incluyen poder vivir en Pyongyang y un trato preferente en el acceso a la vivienda, alimentos, sanidad, educación y empleo. Los vacilantes son descendientes de profesionales liberales durante la ocupación japonesa, comerciantes, artesanos, retornados de China. Estos realizan trabajos poco calificados y siempre están bajo sospecha.
Finalmente, los hostiles, que no solo abarcan a descendientes de cristianos, adherentes al extinto Partido Democrático, empresarios, budistas, sino de opositores abiertos a Kim Il sung, colaboracionistas en tiempos japoneses, o tener familiares exiliados en Corea del Sur. Este grupo está destinado a poblaciones fronterizas en trabajos riesgosos, alimentación racionada y una mala atención médica. El régimen carece de interés sobre los derechos de las personas, prevalecen criterios de seguridad y un régimen de terrorismo de Estado para disciplinar la sociedad.
El opresivo régimen, que gasta el 25% del PBI en defensa (tiene uno de los ejércitos más numerosos del mundo con 1.2 millones de integrantes). El arsenal convencional es anticuado, situación que se está revirtiendo con la cooperación con Rusia, recayendo la capacidad disuasoria en las fuerzas nucleares. Las capacidades de ciberguerra, son importantes, alcanzando un alto nivel, siendo los hackers norcoreanos una verdadera amenaza a la seguridad de instituciones gubernamentales, bancos, sistemas financieros, como de empresas privadas. Educados en china, los técnicos informáticos en ciberdefensa norcoreanos, luego son entrenados en escuelas de elite, han demostrado la capacidad de daños de consideración a sistemas de infraestructura críticos e infiltrarse en redes militares, gubernamentales y de inteligencia.
Los ciberataques a bancos y medios de comunicación surcoreanos, así como el hackeo de Sony Pictures en 2014. Los ciberataques generaron serios contratiempos en 2017 a la red de ferrocarriles y servicios médicos en Estados Unidos. La comisión de ciberdelitos, es otra especialidad de las unidades de ciberguerra norcoreanos, siendo una fuente de financiamiento del régimen. Desde Naciones Unidas se estima que, desde Corea del Norte en 2019, se robaron US$ 2.000 millones.
Las sanciones internacionales afectan el funcionamiento de la economía, limitada por el régimen de planeamiento centralizado. Kim Jong un, realizó una serie de tímidas modificaciones, especialmente para el sector agrícola. En 2025, el Banco Central de Corea del Sur informó que la economía del norte crecerá un 3.7%, gracias a la cooperación con Rusia y proyectos estatales de infraestructura e industria.
En los 90 el cargo de presidente, siendo reservado dicho título al fundador del Estado, Kim Il sung, abuelo del actual dictador Kim Jong un. El cargo es de “Presidente Eterno”. Las funciones de jefe de estado recaen en el secretario general del Partido de los Trabajadores, el propio Kim Jong un, que a la vez es presidente del Comité de Defensa Nacional y por ende controla las fuerzas armadas.
Este personaje, que fue objeto de dudas sobre su capacidad de conducir la dictadura, dado que asumió el poder a los 28 años, rápidamente se adaptó, consolidó a sus partidarios en la cúpula del partido y llevó a cabo cruentas purgas, que afectaron a familiares cercanos como su tío Jang Song-thaek, en 2013, y del ministro de Defensa, Hyon Yong-chol, en 2015. El clima de inestabilidad, es una poderosa arma del régimen para mantener el control, donde se combina purgas, desapariciones, como reemplazos sorpresivos de funcionarios que pasan del anonimato a transformarse figuras públicas o viceversa.
Estamos ante un régimen opaco, a tal punto que se cree que Kim Jong un tiene con su esposa tres hijos, solo se sabe el nombre de la hija que tiene 15 años (que acompañó a su padre en la visita oficial a China por el 80 aniversario de la victoria contra los japoneses). Se cree que padece enfermedades, derivadas del sobrepeso y el tabaquismo. Su hermana Kim Yo-jong, se considera como una de las figuras de peso del régimen y eventual sucesora en caso de muerte de Kim. Aunque existen otros familiares que también puedan convertirse en eventuales sucesores son Kim Sol-song, su media hermana mayor, o el hermano mayor de Kim, Kim Jong-chul.
La dureza del régimen, le ha costado la vida a cientos de miles en las hambrunas de los años 90 (hoy día se considera que el 40% de la población tiene problemas de nutrición), mantiene en campos de trabajo forzado a más de 100.000 personas (familias enteras están alojadas en condiciones brutales) y se encuentra embarcado desde el 2006 en un agresivo programa nuclear militar, mientras que el régimen económico es incapaz de superar constantes fracasos, que los llevó en su momento a intentar abrir el país al capital extranjero. Los años de adhesión al tratado de no proliferación nuclear, le permitió formar científicos, técnicos y profesionales diversos, que serían empleados en programas que le permitirían desarrollar un know how nuclear propio. A pesar de las sanciones, hábilmente Corea del Norte, ha ganado tiempo y le permitió desarrollar capacidades militares importantes en materia atómica. El resultado ha sido la creación de un “enano nuclear” que le permite enfrentarse a Estados Unidos y llevar a la mesa de negociaciones. Esta capacidad también garantiza cualquier cambio de régimen por medio de algún tipo de intervención externa.
El sistema político norcoreano de manera pragmática explota sus capacidades nucleares, a través de constantes amenazas de promover un “holocausto nuclear” en primer lugar para mostrarse como un actor a ser considerado; en segundo lugar, el constante conflicto que genera estas acciones, refuerzan el papel de encuadramiento de la población y potencia su rol represivo, contra presuntos “desertores” y “traidores”, y finalmente también para ser considerado “un igual” por parte de su poderoso vecino chino. Por otro lado, el régimen aprovecha la rivalidad creciente entre China y Rusia frente a Estados Unidos, permitiéndole de alguna manera sobrevivir a las duras sanciones impuestas por Naciones Unidas. En cuanto al régimen de Pekín, sin ninguna duda explota las crisis con el régimen norcoreano, al convertirse en un interlocutor relevante, agregándose ahora Rusia, antiguo proveedor de armamento a gran escala.
La base de misiles de Sinpung-dong, recientemente identificada por satélite ubicada a solo 27 kilómetros de la frontera con China. Se cree que alberga hasta nueve misiles balísticos intercontinentales (ICBM) con capacidad nuclear, así como sus lanzadores móviles. Los misiles son al parecer del tipo Hwasong-18, con un alcance estimado en 15.000 km. Esta nueva base forma parte de la una red de más de una decena existentes en todo el país con medios con capacidad nuclear. La citada base cerca de la frontera china, es una amenaza cierta para el territorio continental de Estados Unidos. A pesar que muchos expertos ponen en duda la eficacia de estos sistemas de lanzamiento, especialmente en materia de producción de municiones nucleares, sistemas de guiado, mecanismos de contramedidas, la cercanía con Rusia, abre las puertas para un escenario de cooperación que extendería al poderoso arsenal nuclear norcoreano, como también el convencional.
El modelo anárquico planteado por este “mundo multipolar” donde coexisten un orden a nivel regional, pero no a nivel global, representan una oportunidad para actores revisionistas como Corea del Norte. En esta fase, múltiples centros de poder configuran entornos regionales relativamente estables, regidos por reglas y normas locales. Sin embargo, a nivel global, no existe un consenso general sobre las reglas, lo que resulta en un sistema fragmentado, marcado por la búsqueda asertiva y a menudo coercitiva de intereses nacionales. Estamos ante un escenario de pluralidad de actores, donde carece de una jerarquía estable o potencia hegemónica que domine. Estamos ante actores que abarcan potencias tradicionales, potencias regionales y entidades no estatales que operan en un entorno de ambivalencia normativa y competencia estratégica. Es un tiempo de transición, que puede dar origen a una nueva bipolaridad o un equilibrio multipolar. Esto impacta en las dos Coreas de manera significativa.
Corea del Norte, dado su visión de autosuficiencia, está preparada para este período de transición, agregándose que está escasamente inserta en la economía global, por ende, no tiene lazos fuertes de dependencia y gracias a su capacidad nuclear, tiene un enorme poder disuasivo. La renovada alianza con China y Rusia potencia la resiliencia del régimen y mejora su posición geopolítica, que favorece a la elite gobernante, pero no al resto de la población, que debe padecer su gran mayoría la incapacidad del Estado de mejorar su calidad de vida junto al inmovilismo social impuesto por el régimen de división de clases, pilar del control social del régimen.












