Como egresado de residencias y del SENAME he aprendido que la Navidad puede cambiar destinos
Navidad con Sentido nace desde la gratitud. Desde el legado invisible de quienes un día fuimos niños de residencias de menores o del SENAME, y aun así tuvimos la fortuna de que alguien un padrino, un educador, un desconocido de corazón grande, estuviera ahí para decirnos que también merecíamos una vida distinta.
Es la historia silenciosa de miles de egresados que, por 38 años, hemos defendido un derecho que debería ser obvio pero no lo es: el derecho de todo niño a vivir una Navidad digna.
En un país que cada diciembre se llena de luces, vitrinas y discursos altisonantes, hay una realidad que no aparece en la televisión: para miles de niños, la Navidad no es una fiesta. Es una espera.
Una espera larga, silenciosa, a veces dolorosa.
Y quienes llegan a responderla no son ministerios, intendentes ni autoridades cortando cintas.
Son, paradójicamente, quienes crecimos con las mismas heridas: los egresados de residencias y del SENAME, los olvidados de siempre, los que conocen de primera fuente lo que significa no tener a nadie.
Una historia nacida en los pasillos de la institucionalización
Viví en residencias desde los tres hasta los diecinueve años. Mi hogar fue FMC, obra de un Sacerdote que supo fortalecer los caminos a miles de jóvenes, en situación de abandono, de pobreza y de inseguridad, en donde el Estado muchas veces fue el gran ausente.
Aquellos corredores fueron mi infancia; mis hermanos, generaciones de niños institucionalizados; mi adolescencia, un manual de resiliencia.
En esos tiempos, mi residencia era considerada “modelo”: orden, disciplina, estructura y un proyecto de vida guiado por un hombre que marcó a miles: el Padre Alfredo Ruiz-Tagle, “el Abuelo”, nuestro pastor, el guardián de sueños que nunca debió apagarse.
Él nos enseñó que la pobreza no define, que el abandono no sentencia y que la dignidad se levanta incluso desde las ruinas.
Hoy su nombre casi no se menciona. Pero para nosotros, los egresados de ese tiempo, él sigue siendo el alma mater de cada labor que emprendemos.
Al salir, descubrí una verdad que me golpeó para siempre:
lo que yo viví como excepción, otros miles lo vivían como tragedia cotidiana.
Fui testigo, como tantos, del lado oscuro que Chile escondió bajo el eufemismo de “protección estatal”.
Lo que vi me persigue hasta hoy:
- Niños hacinados.
- Violencias normalizadas.
- Cuidado deficiente.
- Silencios impuestos.
- Infancias rotas bajo tutela del Estado.
- Tratamientos médicos usados como contención en vez de cariño.
De ese golpe nació una promesa.
Y de esa promesa nació una vida de compromiso.
“Los niños institucionalizados son mis hermanos de historia y de vida.”
Una convicción que llevo hace 38 años, mientras la política cambia de eslóganes y los gobiernos se suceden sin hacerse cargo del daño que ellos mismos administraron.
Navidad con Sentido: un acto moral, no un evento
En ese camino nació Fundación ECAM, creada por egresados que decidimos transformar la herida en servicio que tiene vida 365 días del año.
Durante casi cuatro décadas hemos impulsado Navidad con Sentido, una campaña nacional cuyo foco no es el regalo:
es la dignidad.
Cada año, egresados y voluntarios llegamos hasta donde el Estado no llega, para que:
- niños con autismo,
- niños con síndrome de Down,
- niños y adolescentes de residencias,
- estudiantes de colegios especiales,
- familias de sectores vulnerados,
puedan vivir lo que para muchos es tan evidente que ni siquiera se piensa: una Navidad humana.
No una Navidad comercial.
Una Navidad que repara.
Porque cuando la infancia ha sido dañada por el propio Estado, toda la sociedad tiene el deber ético de responder.
El valor moral de quienes ya vivieron la herida
Los egresados del sistema residencial han sido testigos privilegiados del dolor que Chile no quiere ver, no hablamos desde la teoría, hablamos desde la vida.
Optamos por no quedarnos en la preocupación, sino en la ocupación.
Por llegar antes de que la tristeza llegue primero.
Por abrazar antes de que la soledad toque sus puertas
Por no dejar esperando a quienes no tienen nada.
Y es ahí, en esos instantes pequeños pero infinitos, donde ocurre lo esencial:
- Cuando un niño con síndrome de Down sonríe por primera vez en una actividad navideña.
- Cuando un adolescente de residencia dice: “pensé que no me iban a venir a ver”.
- Cuando un joven con autismo abraza un regalo como si fuera una caricia.
Eso no es una fiesta. Es justicia.
Los egresados del SENAME llevamos 38 años reparando con nuestras manos lo que el Estado rompió con las suyas.
Una invitación a un país que aún puede cambiar
Los niños pobres, institucionalizados y vulnerados no deberían estar solos.
No deberían depender de la buena voluntad de quienes alguna vez también fueron abandonados.
Pero aquí estamos, porque sabemos cómo arde esa ausencia.
Fundación ECAM invita a empresas, voluntarios y ciudadanos a sumarse.
No para dar caridad.
Para dar justicia.
Para dar humanidad.
Para dar Navidad.
Porque, como repetimos siempre:
“Nuestro futuro es el presente de los niños.”
Y el presente de los niños no puede seguir esperando.












