Yo el peor de todos. Bashar Al Assad. Presidente de Siria  

En estos días trascendió un presunto ataque químico perpetrado por fuerzas sirias contra la insurgencia en la localidad de Duma. Una serie de acusaciones, promovidas desde los propios Estados Unidos ha significado una escalada verbal, que se transformó en una amenaza militar, generando tensiones con Rusia. Mientras escribimos estas líneas Estados Unidos, Francia y el Reino Unido atacaron Damasco. Siria ya no es escenario de una guerra civil, sino un campo de batalla donde actores globales y regionales luchan por sus intereses.

En 1970 luego de un golpe llegó al poder el general Hafez al Assad. No hacía mucho que Siria había sufrido la derrota en la guerra de los Seis Días, y comenzaba una nueva etapa de la convulsa historia siria.  Al Assad, inició un proceso de concentración de poder, que comenzó en tiempos cuando era ministro de defensa, purgando a las fuerzas armadas de nasseristas, liberales, neutrales. Lentamente cuadros alauitas y oficiales estrictamente leales al partido Baas (partido socialista de la resurrección árabe) son los únicos que detentan cargos relevantes del ejército. Asimismo las estructuras ligadas al Baas son cooptadas por el clan al Assad y sus cercanos y para mediados de los 70, tras la reforma constitucional consolida el control absoluto del poder. El país está gobernado por el Frente Nacional Progresista, controlado por el Baas. La minoría religiosa alauita, de donde provienen los Assad, el ejército y el propio Baas, son los pilares del régimen dictatorial de Hafez al Assad. Este no dudó castigar con puño de hierro a quienes intentaron desestabilizar el régimen. En 1980 los Hermanos Musulmanes, integristas, se levantaron contra el régimen, siendo la respuesta de este la matanza de entre unas 10.000/30.000 personas,

El clan al Assad tejió sólidas alianzas con sectores de la burguesía proveniente del Estado, como de sectores tradicionales. Esto les permitió mantener una estabilidad que duró décadas.  Luego de 1980, el régimen se deshizo de toda oposición y su poder era incontestable. En el plano exterior, Damasco tuvo una postura flexible y pragmática, que le permitió mantener un diálogo tanto con Arabia Saudita, Irán como la Unión Soviética. Este pragmatismo, permitió por ejemplo en una hábil jugada, Siria apoyó la coalición contra Irak en la guerra del Golfo de 1991. Por un tiempo Estados Unidos y Siria tuvieron su “luna de miel” opacada por la alianza táctica con Irán y el apoyo a Hezbollah.

El régimen a pesar de ser monopolizado por un clan y sus allegados,  su carácter secular, a diferencia de otros países de la región, las minorías religiosas disfrutaban de protección. El problema que años de autoritarismo, nepotismo y corrupción, sin ninguna duda mermaron las bases del régimen. No obstante ello, Siria era un país estable y sus niveles de índice de desarrollo humano había crecidos sustancialmente desde 1980 a 2011. En cuanto al Baas, dejó de ser el partido de masas de tiempos de antaño, estando el poder distribuido en elites económicas, el ejército, y la comunidad alauita (12% de la población). El Baas se convirtió en una suerte de mecanismo de control clientelar, que le ha permitido que millares de sirios dependan del régimen para acceder a cargos en la administración pública etc.  En materia religiosa, el pragmático Hafez al Assad, alejándose un poco del laicismo del Baas en su momento, promovió la construcción de mezquitas. A pesar de ser alauita, lo acercó a la mayoría sunnita. Ello no ha impedido que décadas después emergiera una suerte de “Islam” paralelo, que motorizó ideológicamente a sectores de la oposición armada y que en más de un caso, sirvió para que el salafismo se infiltrara, de la mano de organizaciones como al Qaeda.

Primavera Árabe y reformas “Cambiar para que nada cambie”. La guerra civil

El sucesor de Hafez al Assad, Basel, su hijo mayor y comandante de la guardia republicana, murió en un accidente de tránsito en 1994, dejando en su lugar, al callado Bashar al Assad, médico y que siempre tuvo escasas inclinaciones políticas. Esto obligó a Hafez al Assad a preparar al tímido Bashar. En un proceso bastante acelerado  el “delfín” de Hafez fue aceptado y apoyado por las estructuras de poder del régimen. En el año 2000 al morir Hafez al Assad, un referéndum le dio el poder a Bashar al Assad, quien intento “maquillar” el régimen con ciertas reformas, como modificar el estatus del Baas como partido único, abrir la economía al capital privado, los acuerdos con China y ciertos sesgos modernizadores. Pero el régimen seguía siendo el mismo, el monopolio del poder por parte del clan Assad, sus allegados y el control de cargos claves por parte de la comunidad alauita permanecieron inamovibles. Las relaciones con Estados Unidos, continuaron tensas y terminaron con sanciones en 2004, bajo la acusación de cooperar con la insurgencia iraquí, y el apoyo de grupos radicalizados palestinos y el poderoso Hezbollah.

El asesinato del primer ministro libanés Rafik Hariri, pusieron en el ojo de la tormenta nuevamente a Siria, esto motivó tras no pocas presiones, la evacuación de las fuerzas de ocupación sirias en el Líbano, presentes desde 1976, pero su influencia continuó de alguna manera en la política libanesa, agregándose el abierto apoyo al Hezbollah, movimiento político, considerado como terrorista, no solo por sus actividades en el Medio Oriente, sino por su posible implicación – según medios periodísticos – en el atentado a la mutual judía argentina AMIA en 1994  (donde está involucrado un aliado clave de Siria, Irán), entre otros hechos relevantes.  

En 2007 Bashar al Assad fue “reelegido” una vez más, en el marco de elecciones boicoteadas por la oposición, lo que puso de relieve que la oposición al régimen iba creciendo, estallando el conflicto abiertamente en 2011. Un conjunto de protestas, especialmente en zonas más pobres, como la localidad de Deraa, desencadenaron una dura represión. Sectores disidentes del ejército, opositores y posiblemente una importante ayuda externa, permitió la creación del Ejército Libre Sirio y su brazo político, el Consejo Nacional Sirio. Al Qaeda declaró su apoyo a la rebelión contra el régimen.  Un pésimo manejo de la crisis, la naturaleza del régimen lo llevó a una espiral de violencia. Para 2012 la infiltración islamista era una realidad y las potencias occidentales, apoyaron la Coalición Siria, la oposición “moderada” al régimen. El dinero de Occidente y de las monarquías conservadoras del Golfo, alimentaron la formación de poderosas organizaciones armadas, que estos años de guerra destruyeron al país.  

En 2013 la oposición denuncia un ataque con armas químicas en las cercanías de Damasco, con 1400 muertos. Se inicia una crisis internacional de magnitud. El régimen niega los hechos, mientras que Estados Unidos promueve una intervención militar a gran escala. Interviene esta vez de manera decidida, Rusia, secundado por China. Ambos actores buscan frenar el avance de Estados Unidos. No van a permitir que el aliado sirio siga el camino de Libia o Irak. En el marco de difíciles negociaciones el régimen de al Assad desarma su poderoso arsenal químico. En el plano militar la situación es dramática, las fuerzas leales a Damasco están a la defensiva, la importante ciudad norteña de Aleppo ha caído, el este del país también se ha perdido, y los enclaves insurgentes se incrementaron sustancialmente. Muchas esperan la caída inminente del régimen, aislado internacionalmente y con muy pocos apoyos.

La situación se deterioró aún más con la irrupción del llamado “Estado Islámico” que fue responsable de crímenes de lesa humanidad, pero funcional a intereses en la zona. A través de este actor, Turquía, que no apoya directamente, sino tolera sus santuarios, debilita a Siria e Irak, con los cuales mantiene importantes conflictos en relación al control de las aguas del Tigris y el Eufrates, además del problema kurdo. Las monarquías conservadoras del Golfo, apoyaron (y lo siguen haciendo) abiertamente a grupos ligados al Qaeda, como el Frente Al Nusra. A pesar de todo, el régimen laico del Baas, más allá de sus características dictatoriales, es un mal ejemplo, por su republicanismo y su secularismo. La irrupción de estos grupos salafistas y su versión más extrema, como Estado Islámico, llevó a que muchos apoyaran la idea de  al Assad como el “mal menor”. Las declaraciones de líderes de los grupos terroristas que asolan Siria – de abierta intolerancia religiosa y anticipando una suerte de “limpieza”-  llevó a la comunidad alauita a cerrar filas por su propia existencia, seguidos por los cristianos (duramente perseguidos en Oriente Medio) y sectores también sunnitas, que de alguna manera se beneficiaron con la estabilidad que tuvo el régimen por décadas.

El drama de la guerra significó que unos cinco millones de sirios huyeran a países vecinos, pero especialmente buscaran refugio en Europa. Los regímenes del Golfo Pérsico, tan generosos con los grupos armados que asolan el país, poca ayuda han brindado a los refugiados, y han puesto trabas a su ingreso. En Europa el choque cultural es inmediato. A ello se agrega la sospecha de que en las masas de refugiados se encuentran células terroristas. Recordemos que los grupos salafistas, especialmente la versión más extrema, que es el Estado Islámico o ISIS tienen como objetivo la destrucción de Occidente y la islamización forzada de millones de personas. La cuestión de los refugiados implica a los países de Europa serios problemas sociales y de seguridad. A fin de cuentas son víctimas de la torpeza de la Unión Europea en relación al conflicto sirio.

La expansión de ISIS, tras el derrumbe de Irak, salvado gracias a una intervención de urgencia de Estados Unidos e Irán, se transformó en una verdadera catástrofe geopolítica. El contrabando de hidrocarburos, impuestos a los millones de personas que vivían bajo la férula del “califato” transformó a ISIS en un grupo terrorista de elevada peligrosidad. Sus crímenes y aberraciones, conmovieron al mundo. Esta realidad sin ninguna duda, retrasó un incremento de la intervención de Estados Unidos contra el régimen de Damasco. La crisis de ISIS puso en evidencia un grado de mayor complejidad. Turquía, aliado de la OTAN, en cierta manera toleró los santuarios de ISIS, a fin de combatir a los kurdos. Estos últimos recibieron apoyo decidido de Estados Unidos y Rusia. Rusia y Estados Unidos están enfrentados en relación al régimen de Assad. El dinero de ISIS atrajo a millares de combatientes extranjeros y muchos de ellos provenientes del Cáucaso, Asia Central y Europa.  De alguna manera hubo un acuerdo tácito para deshacerse de este problema, que para quienes lo promovieron, se les había ido de las manos.

Estados Unidos, de la mano de Barack Obama, promovió una campaña de bombardeos y asistencia a fuerzas contrarias a ISIS, que incluía grupos salafistas ligados al Qaeda, teóricamente el archienemigo de Estados Unidos.  Rusia, de la mano de Putin, decidió pasar a la acción y dando un verdadero golpe maestro, le dio ayuda vital a Al Assad, cuyo régimen estaba al borde del colapso, le permitió recuperar gran parte del terreno perdido. En feroces batallas las fuerzas sirias fueron recuperando posiciones, relegando a los grupos terroristas e insurgentes a la periferia del país. El precio de este avance fue atroz, con la destrucción de ciudades enteras, como el caso de Aleppo.  Irán proveyó ayuda a través de Hezbollah, que tiene varios millares de combatientes en Siria, además de la intervención de fuerzas especiales de la Guardia de la Revolución iraní.

El temido ISIS tuvo que hacer frente a los kurdos, cuyos combatientes motivados y bien conducidos, fueron uno de los grandes artífices de su derrota. Las fuerzas legales sirias, con el renovado apoyo ruso, avanzaron en el este del país, ahora ha dejado de ser disputado con el ISIS, sino con el Frente liderado por los kurdos sirios. El repliegue de ISIS ha significado que muchos combatientes regresaran a sus países de origen o busquen refugio en lugares como Libia o el Sinaí donde los terroristas son un serio desafío. Otras las consecuencias de la crisis derivada de ISIS, es el fortalecimiento de los kurdos, que en Irak, donde conforman una región federada, de hecho son un Estado. En Siria, bajo la denominación de “Rojava” forman una zona de facto también independiente, situación intolerable para Turquía, que ha lanzado recientes ataques, bajo la excusa de combatir el grupo separatista kurdo PKK, pero que detrás de ello, busca impedir que los kurdos sigan adquirieron poder.   

Al Assad el peor de todos o un mal menor.

El presidente Al Assad ha mostrado tener talento para sobrevivir a la guerra, han pasado siete años, y contra todo pronóstico su régimen sigue en pie. Sabe que no puede ganar la guerra por si solo. Hábilmente ha sabido aprovechar las alianzas con Rusia e Irán, que ha llevado a la oposición aceptar sentarse a la mesa de negociaciones. Al Assad gana tiempo y con la recuperación mínima de fuerzas, sigue golpeando a los enemigos de su régimen. Explota las divisiones existentes entre el número de grupos, casi todos yihadistas. En el plano militar observamos que las fuerzas sirias buscan llevar a las milicias y grupos armados enemigos a la periferia del país, impidiendo que controlen ciudades clave y nudos de comunicaciones. La vital costa mediterránea está bajo control de Damasco. Esto le da viabilidad al gobierno sirio, controla los principales centros de población y económicos del país.

Diversos expertos y hasta líderes, como la primer ministro británica May, se han pronunciado por una salida negociada al conflicto. La postura rígida de las partes, impide dar comienzo a cierto avance a un diálogo, mas allá del algún acuerdo de tipo humanitario, como la evacuación de civiles en localidades controladas por rebeldes. La guerra civil ha servido para que grupos como Al Qaeda, con su filial Frente al Nusra, vuelva a contar con combatientes curtidos y con experiencia, que puede servir de factor de desestabilización, como lo ha hecho ISIS. Los grupos que luchan contra el régimen de Assad, tienen una postura mucho más radicalizada que el gobierno sirio, frente al problema con Israel, no sabemos que reacción tendría dicho país, que ha expresado que la existencia de una amenaza que ponga en riesgo la existencia de la nación judía, el uso de la opción nuclear, no queda descartada. Un escenario más que peligroso.

En el marco de este caos, aparecen las denuncias sobre uso de armas químicas, donde no sabemos a ciencia cierta hasta que cierto punto es verdad. Es altamente probable, que el ataque liderado por Estados Unidos tiene como objetivo dar mensajes a Rusia. Asimismo, Trump necesita distanciarse lo máximo posible de Putin, donde las sospechas sobre “ayuda” rusa en las elecciones donde fue elegido presidente, queden  en la nada. Los aliados árabes de Estados Unidos, no les agrada para nada, el avance de Damasco, esto se enmarca en la creciente pugna entre Irán y Arabia Saudita por el liderazgo regional.

La decisión de la Casa Blanca de erradicar el régimen de Assad, ha llevado a prolongar la guerra y fortalecer actores, que son una serie amenaza regional y hasta global. A pesar que el régimen de Assad que es mostrado “como el peor de todos”, su caída habilitaría a un caos mayor y las minorías religiosas y étnicas quedarían a merced de la “oposición”, controlada por grupos salafistas. Este ataque preventivo, ilegal desde el punto de vista internacional, que nos recuerda as las acusaciones que pesaron en su momento sobre Irak, no hace más que potenciar un creciente clima de “guerra fría” que vive el mundo.

Por el Dr Jorge Alejandro Suárez Saponaro

 Corresponsal  en Argentina Diario el Minuto

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