El tempestuoso presidente Donald Trump ¿Seguirá los pasos de Nixon?

En los años setenta, el mundo tuvo noticia del llamado Caso Watergate, un escándalo de espionaje contra el Partido Demócrata, ligado a las aspiraciones políticas de Nixon. Esto llevó a una crisis que desembocó en su renuncia y evitar así el  impeachment o suerte de juicio político del sistema legal anglosajón, por parte del Congreso de Estados Unidos.

Décadas más tarde otro presidente republicano, esta vez, el tempestuoso Donald Trump, se encuentra envuelto en un escándalo de espionaje, donde se ven  involucradas personalidades de su entorno con el gobierno ruso. Incluso hubo acciones judiciales concretas, llevando a Paul Manafort, ex jefe de campaña de Trump, a estar investigado por el fiscal especial  Robert Mueller. Junto a su socio Tick Gates, acumulan acusaciones o sospechas por doce delitos.  En el marco de este verdadero “thriller” que nada tiene que envidiarle a las producciones de Hollywood, un ex agente de inteligencia británico señaló que Moscú estuvo apoyando la candidatura de Trump, a través de diversos mecanismos, con el objeto de impedir que Hillary Clinton llegara a la primera magistratura.  Incluso medios internacionales indicaron que una serie de correos electrónicos involucran a nada menos que a Donald Trump Jr, con la llamada “trama rusa” y sobre una reunión que sostuvo una con abogada rusa, ligada al gobierno de Putin. Trump Jr en un programa de la poderosa cadena de TV Fox, negó la existencia de algún apoyo de Rusia a la candidatura de Trump

El escándalo se extiende a diversos funcionarios de la administración Trump, el famoso periódico The Washington Post, involucró al secretario de justicia de Estados Unidos, Jeff Sessions, que acusó directamente de haber mantenido reuniones con el embajador ruso en Estados Unidos, en plena campaña electoral.  Sessions negó todo, para luego ser desmentido por la propia Casa Blanca, dejando el claro que las reuniones distaban de operaciones para perjudicar a Clinton en la campaña presidencial. “Sessions se reunió con el embajador en su calidad oficial de miembro de la comisión de las fuerzas armadas en el Senado, lo que es completamente coherente con su testimonio”,  señaló un responsable de la Casa Blanca. En enero, Sessions en el Senado había negado cualquier tipo de “contactos con los rusos”. Las denuncias sobre dichos encuentros con rusos, y en especial con agentes de inteligencia, continuaron, siendo publicadas por el New York Times.  Mientras las acusaciones siguen, las contradicciones complican aún más al presidente Trump, Rusia oficialmente se desliga de cualquier responsabilidad.

En materia económica, bajo el lema “America First” que implica políticas proteccionistas y a negociaciones unilaterales, para muchos tendrán efectos positivos de corto plazo, pero negativos de largo plazo. Muchas empresas estadounidenses producen bienes fuera de Estados Unidos, pero cuyo principal destino es el citado país. Las medidas proteccionistas, teóricamente perjudicarían indirectamente a dichas empresas, con sus consecuencias.  Sin ninguna duda las políticas proteccionistas chocarán con la OMC y para muchos implicará la perdida de competitividad de la economía de Estados Unidos. El debate está abierto, pero debemos destacar que Trump criticó duramente el traslado de capitales a otras naciones, perjudicando a los trabajadores estadounidenses.

El sector financiero apoya las llamadas Trumpeconomics  que incluyen reducciones de impuestos, liberalización en materia bancaria, inversiones de infraestructura con la idea de generar empleo en el corto plazo. No obstante ello, muchos se mantienen escépticos sobre las reales posibilidades de recuperación de Estados Unidos en el largo plazo.  Otro de los aspectos que genera también expectativa es el proyecto de reducir la tasa fiscal para empresas que repatrien capitales. La comisión de impuestos del Congreso ha calculado que las empresas de Estados Unidos han evadido cientos de miles de millones de dólares, gracias a sus reservas que tienen fuera del país y que no han declarado.  En 2004, en la presidencia Bush fue aplicada una política similar, que generó mayor especulación financiera. Los beneficiarios de la amnistía fiscal utilizaron el dinero repatriado para la compra de sus propias acciones, pagar dividendos a los accionistas (elevando el precio de las mismas) y conseguir tasas más baratas de créditos.  Goldman & Sachs considera que con las reformas de Trump se repetirá el mismo escenario.

La idea que empresas que tienen fábricas fuera del país, retornen líneas de producción a los Estados Unidos genera dudas. Los costos de producción son mucho más bajos en países como China, frente a los propios Estados Unidos. A esto se agrega el nivel de automatización de muchos procesos de producción y también la aparición de competidores de primer nivel en segmentos de alta tecnología, donde antes Estados Unidos tenía primacía. Ejemplo de ello es el mercado mundial de chips, el sector aeroespacial, etc.

El plan de obras públicas, está previsto que sea financiado con dinero privado a cambio de la propiedad y los ingresos de los proyectos (una idea similar se está estudiando aplicar en Argentina). Esto mereció duras críticas del célebre economista keynesiano, Paul Krugman, y con razón. “imagine un consorcio privado que construye una carretera de peaje de 1.000 millones de dólares. En el marco del plan de Trump, el consorcio podría pedir prestado $ 800.000 millones, con la contraprestación de 200 millones en acciones. Como obtendría una exención fiscal del 82 por ciento de esa suma, su desembolso reales sólo serían 36 millones. Y cualquier ingreso futuro de los peajes iría a las personas que ponen esos 36 millones de dólares. Realmente, no es un plan para pedir un préstamo de 1 billón de dólares y gastarlo en proyectos muy necesarios, que sería lo que habría que hacer directamente”. Por el contrario, “si el gobierno lo construye, termina pagando intereses, pero obtiene los ingresos futuros de los peajes. Pero si cede el proyecto a inversores privados, evita el coste de los intereses, pero también pierde los futuros ingresos por peaje. El flujo de caja futuro del gobierno no es mejor que si se hubiera endeudado directamente, y peor aun si solo consigue un mal acuerdo, por ejemplo porque los inversores tienen conexiones políticas

En síntesis Trump, un gran especulador, traslada su experiencia al ámbito económico nacional, y sin ninguna duda promoverá la especulación financiera y los mercados financieros, pero tenemos dudas sobre mejoras en materia de empleo y expansión de industrias.

Las políticas de liberalización a juicio de expertos, no ha podido reactivar la economía como muchos esperaban. Algunos optimistas hablan de baja en el desempleo, pero los males de fondo subsisten. Los cambios beneficiaron especialmente a las grandes empresas, bancos y especuladores. En medios especializados se habla de burbuja inflacionaria en activos financieros.  En este aspecto Trump considera la Reserva Federal un factor de conflicto.

La enorme deuda federal es otro quebradero de cabeza, no obstante ello, sectores heterodoxos apoyan ideas de Trump sobre el manejo de la deuda, en especial con la política de flexibilidad monetaria, que no provoca inflación elevada. Otro tema pendiente el enorme déficit fiscal y la cuestión del sistema bancario.  A nuestro modesto juicio, no somos para nada optimistas que esta gestión pueda hacer que “las fábricas vuelvan a casa” y creemos que las políticas aplicadas solo beneficiaran a los grandes especuladores y las corporaciones.

El frente interno para Trump no es para nada fácil, por las resistencias del Congreso, que incluyen a los propios republicanos. Las grandes batallas libradas por el polémico presidente se han centrado en la reforma del llamado “Obamacare”, una reforma de salud que quedó a medio camino durante la administración Obama. Sin ninguna duda el tema salud en Estados Unidos pone en evidencia la influencia dañina de poderosos lobbistas que han creado un sistema realmente perverso. Ser pobre, no tener dinero y estar enfermo, implica una verdadera privación de derechos. La idea de un sistema público de salud gratuito, pareciera ser una quimera.  El tema de los inmigrantes, donde Trump promovió una legislación que fue declarada inconstitucional en parte y que ahora vuelve a la carga después del  atentado terrorista de Nueva York, haciendo hincapié en limitar o prohibir el acceso de ciudadanos provenientes de países del Medio Oriente o que son considerados un riesgo. La masacre de Texas, otra vez puso en la mesa de debate el tema del liberal sistema de tenencia de armas (amparados por una vieja enmienda constitucional) y donde Trump, en un discurso casi infantil y poco apropiado indicó que “son los hombres que matan, no las armas”. Es sabido la influencia de la Asociación Nacional del Rifle, en sectores duros del Partido Republicano, que se opone a cambios sustanciales de la legislación de armas. Mientras tanto los incidentes ocurren y muchas veces con elevados niveles de crueldad.

La cuestión racial, otro tema pendiente, donde Trump, está rodeado de algunos personajes defensores de la “supremacía blanca” (para estos sujetos “blanco” no es solo el descendiente de europeos, sino el que es anglosajón). Incidentes entre agentes policiales con ciudadanos negros, que en más de una ocasión termino en muertes, generó importantes disturbios.  El discurso anti inmigrante, especialmente con aquellos provenientes de México (donde Trump los considera en la inmensa mayoría como simples delincuentes) y América Central, la profundización de desigualdades sociales, plantean serios desafíos a largo plazo y ponen entredicho el conocido slogan  del “sueño americano”.

La política exterior también ha sido “tumultuosa”, donde vemos a Trump decir exabruptos, sino miremos su discurso en Naciones Unidas con relación a la crisis de Corea, el vínculo con Israel que ha llevado a un enfrentamiento abierto con Irán, donde Trump  de manera irresponsable quiere dar por terminado los acuerdos en materia nuclear.  Estados Unidos tiene ahora una rivalidad abierta con Rusia y China, y quienes no dudarían, en la idea de debilitar el debilitamiento o desgaste de Estados Unidos en una zona de alto valor estratégico como el Medio Oriente en apoyar a Irán. La idea de Trump de volver al “choque” abierto con Irán, genera resistencias en sus socios europeos  Esto también tiene repercusiones en Irán, donde el ala dura podría reforzarse, tirando por la borda los tímidos avances de la reciente victoria moderada en las elecciones presidenciales.

La crisis de Corea del Norte, también ha sido uno de los grandes desafíos para el nuevo inquilino de la Casa Blanca. Se ha observado que Naciones Unidas ha quedado al margen en esta crisis y que Trump busca a través de encuentros bilaterales manejar la crisis. Más de un experto considera que estamos ante un verdadero giro en la política exterior. Bajo el lema Make America great again (que América vuelva a ser grande), no cabe duda que busca que Estados Unidos recupere el liderazgo hegemónico a nivel global, lo que ha generado la reacción de Rusia y China, ahora aliados, con el objetivo de limitar las aspiraciones de Estados Unidos.

Trump ha tenido agrias diferencias con sus aliados europeos, especialmente en relación al cambio climático. El presidente rechaza la idea de existencia de calentamiento global, prueba de ello, ha sido la eliminación a las restricciones a industrias contaminantes (como la minería del carbón) y los incentivos a la energía “limpia” propuestos por el gobierno anterior.

La política exterior marcada por el unilateralismo, la idea de llevar a cabo una reducción de la ayuda militar a sus tradicionales aliados, como ha quedado demostrado con negativas de la nueva administración de vender armamento avanzado a precio político.  A todo ello se une el escaso conocimiento de Trump en política exterior, habla de ello como hombre de negocios, y pareciera no entender un mundo cada vez más complejo. El ejemplo es el atolladero sirio, donde Estados Unidos de alguna manera apoya la política saudí – avalada por multimillonarios contratos de armamento – que no ha hecho más que apoyar a grupos ligados a Al Qaeda y fortalecer la posición rusa en la región. Mas allá de las declaraciones contrarias al Estado Islámico, la campaña aérea no ha dado grandes resultados, sino más bien el avance de las fuerzas terrestres, especialmente los kurdos y las fuerzas del Al Assad. Esto genera también tensiones con un tradicional aliado, Turquía, en manos de un líder, que más que facilitar las cosas, las empeora. 

La cuestión con China con sus contradicciones, mientras por un lado Trump ataca y critica duramente, luego viaja a Pekín para buscar una salida con la crisis de Corea del Norte. Esto pone en evidencia falencias en su estrategia exterior, que no hace más que favorecer a su adversario quien explota hábilmente la situación.  El Rusiagate, que ha llevado a Trump, de un papel de elogio a Putin, a mantener tensiones especialmente con el refuerzo militar de la OTAN en el Báltico y en Ucrania.

El ex diplomático e intelectual argentino, Juan Archibaldo Lanús, en una entrevista radial, señaló que el mundo está haciendo un claro retroceso, y Trump es ejemplo de ello, incluso advirtió sobre un posible retorno – con sus matices –  la diplomacia de la cañoneras del siglo XIX. La crisis de Corea, con despliegues militares, las amenazas de intervención a Venezuela, la situación en Siria y un rechazo abierto al multilateralismo, parecieran que el mundo va hacia un marco de mayor ilegalidad y empleo discrecional de la fuerza.

¿Trump desatará una tempestad en la arena internacional? ¿El fantasma del escándalo de espionaje acabará con su presidencia como Nixon? Respuestas difíciles de contestar, por lo imprevisible de su accionar, pero no cabe duda, que su política en muchos aspectos implicará un retroceso tanto en el frente interno, como externo.

 Por el Dr: Jorge Alejandro Suárez Saponaro

Corresponsal del Minuto / Argentina