¿Quién sabe cuánto cuesta producir una palta?

Fue noticia mundial el inminente corte del suministro de agua de Ciudad del Cabo (segunda capital de Sudáfrica). La sequía y el sobreconsumo llevaron a fijar medidas tales como prohibir tirar de la cadena más de una vez al día, limitar las duchas a menos de dos minutos, y reciclar el agua de la lavadora.

La falta de agua es un también un grave problema en Chile. En la región de Valparaíso catorce comunas, que abarcan nueve mil kilómetros cuadrados y es habitada por más de 400 mil personas, han sido declaradas zona de catástrofe debido a la prolongada sequía. Esta vez la cuestión no sólo afecta a los pequeños y medianos agricultores, sino que amenaza incluso el suministro de agua para el consumo humano. Los principales causantes de esta prolongada sequía en la región han sido por una parte los efectos del cambio climático con la consecuente disminución de precipitaciones, así como la distribución irracional de derechos de aguas, y el explosivo aumento de la fruticultura empresarial de exportación, especialmente de paltas.

En el caso del río Aconcagua, que atraviesa toda la quinta región, este depende tanto de las precipitaciones en invierno, así como de los deshielos en verano para mantener su caudal. Así, la disminución de ambos a consecuencia del cambio climático ha provocado que sea menor la cantidad de agua aprovechable.

Sin embargo, en los ríos La Ligua y Petorca la situación es aún más crítica, pues a diferencia del caso anterior estos tienen poca penetración en el macizo andino. Esto los hace depender de las precipitaciones invernales, siendo extremadamente vulnerables ante la variabilidad hidrológica, llegando casi a secarse durante los meses de verano. A su vez, el embalse Peñuelas en Valparaíso destinado para agua potable, y con una capacidad para embalsar 95 millones de metros cúbicos, en el año 2011 alcanzó sólo el 3% de su capacidad.

Como consecuencia a esto, se ha observado un aumento en la solicitud y entrega de derechos de aprovechamiento de aguas en la región, pues con los existentes no bastaba. Tanto en el río Aconcagua, como en los ríos La Ligua y Petorca los derechos estaban asignados, por lo que debió recurrirse a concesiones de derechos provisionales o bien a concesiones de aguas subterráneas. El problema es que la demanda sobreexigió un recurso que ya era escaso.

El aumento de la entrega de derechos de agua fue desmedido. Según datos de la Dirección General de Aguas (DGA) entre 1960 y 1999 sólo en Petorca se otorgaron 513 derechos de aprovechamiento de aguas, mientras que desde el año 2000 a la fecha se han entregado más de 3000 derechos en el mismo territorio. La pregunta es clara ¿qué motivaba este explosivo aumento en la demanda de agua?

El tercer factor que explica la sequía es el acelerado crecimiento de la fruticultura empresarial de exportación que se desarrolló con muy poca planificación o control por parte de las autoridades. En una zona donde históricamente la economía se basaba en la hacienda, la pequeña minería y la industria textil artesanal, se les suma la fruticultura de exportación, que compite con los restantes sectores de la economía local por el acceso al agua.

Las plantaciones de palta resultan contraintuitivas en un ambiente de sequía. Este frutal demanda enormes cantidades de agua, entre 150 a 200 litros diariamente por árbol para su óptima producción. En Cabildo, centro de la producción de palta, la empresa sanitaria de agua para consumo humano se ha visto obligada a comprarla a terceros para lograr abastecer a la población. Se han utilizado camiones aljibe para mantener un suministro que a todas luces ha sido insuficiente y con muchas interrupciones.

Para que en todo Chile y el mundo tengamos paltas y otras frutas de calidad, la quinta región interior ha sido entregada a grandes empresas agrícolas. Empresas que han sobreexplotado los recursos naturales a cambio de ganancias que no han sido compartidas equitativamente con los lugareños afectados por las externalidades negativas de esta actividad productiva. Externalidades tales como la desertificación de los territorios y el incremento en el riesgo de dejar pueblos sin suministro de agua potable.

Estamos próximos a la discusión de reformas al Código de Aguas en el Congreso, el llamado es al gobierno y a los legisladores a fijar mecanismos de distribución racionales de un recurso que es tan escaso como vital. Que las reformas comprendan el agua como un derecho y no sólo como un factor de producción para las grandes industrias agrícolas. Situaciones como las de Ciudad del Cabo en Sudráfrica podrían repetirse no sólo en comunas como Cabildo, sino que en urbes como San Felipe, Quillota o hasta en Valparaíso.