Putin. Un Zar para todas las Rusias.

En marzo de 2018 hubo elecciones presidenciales en Rusia. El ganador, sin ninguna Vladimir Putin con el 76.66% el mejor resultado de su carrera política. Las elecciones, mas allá de las formalidades y la existencia de “alternativas” recordaron a los tiempos soviéticos, donde las comicios eran una suerte de formalidad, para ratificar simbólicamente un liderazgo ya consolidado. Este personaje cumplirá 18 años de estar en el poder, ya sea como primer ministro o presidente. Pero siempre de alguna manera, controlando el poder. Superó con suma habilidad los tiempos del presidente “etílico” Boris Yeltsin. Se impuso a los poderosos dueños de las empresas rusas privatizadas – por decir de alguna manera a como se apoderaron de ellas – con comportamientos mafiosos. Más de uno tuvo que irse, otros terminaron tras las rejas.  La humillación de Chechenia, fue superada, con puño de hierro.

La crisis del submarino Kursk, donde los expertos se cansaron de hablar de una Rusia militarmente débil, salvada gracias a su inmenso arsenal nuclear, que permitió tener cierto grado de presencia internacional, luego fue hábilmente superado, por una inteligente política de exportación de armamento.  El avance de la OTAN a sus ex aliados del Este de Europa, y donde el material ex soviético (sinónimo de ex ruso) fue desechado para la llegada de sistemas occidentales, pareció ser un golpe mortal. Pero Moscú apostó a nuevos mercados. China, el Sudeste de Asia, Medio Oriente, y América Latina. Especialmente Venezuela. Ahora recientemente el mundo, y especialmente Estados Unidos se sorprendió con pruebas de nuevos misiles estratégicos, donde es sabido que Rusia lleva la delantera a Estados Unidos en este campo.

Vladimir Putin prometió hacer retornar a Rusia al rol de potencia. Económicamente hablando, el país es vulnerable, dado que depende de la exportación de energía especialmente, pero que ha utilizado como un “arma” especialmente con Europa Occidental, Moscú ha retornado a la “arena” internacional gracias a que Moscú está en manos de un estratega. Putin sabe identificar las oportunidades favorables y golpear, explota las debilidades del oponente, como también guardar silencio y mantenerse a la defensiva. Rusia sufrió duros golpes, no solo por la pérdida de influencia en Europa del Este desde el fin de las guerra Fría, sino la invasión de Irak, la destrucción de la Libia de Gadaffi y luego, la guerra civil siria. Rusia en este conflicto, decidió decir “basta”. En Siria, Rusia conserva la estratégica base de Tartus, vital para tener cierta presencia en el Mediterráneo.  En el marco de este drama, cuando el régimen de Assad, acosado por la oposición (eufemismo de Occidente para los salafistas de todos los pelajes ligados muchos al odiado Al Qaeda) estaba contra las cuerdas. Putin dio un triple salto mortal, asistió a su aliado en agonía y le dio “vida”. Sorprendió a Estados Unidos, que quedó en medio de una polémica por la aparición del ISIS o Estado Islámico, feroz grupo genocida que asoló Irak y Siria, controlando vastos espacios, gracias a la anuencia de actores regionales y extrarregionales. Rusia golpeó hábilmente objetivos terroristas, regresó al Medio Oriente como actor clave, como en tiempos soviéticos.  El odiado Assad, ahora devenido en mal necesario, se transforma en una opción – opinión en voz baja de muchos expertos europeos – ante los grupos salafistas/islamistas, que podrían incitar llegado el caso a Israel, gobernado por “halcones” dispuestos a usar el arma nuclear, si creen que dicho estado corre peligro su existencia.

Rusia mantiene de alguna manera, a pesar de la creciente presencia china en el marco del llamado “Nueva Ruta de la Seda”, influencia en Asia Central. El esfuerzo de mantener su influencia es enorme, incluso ha promovido la llamada Organización de Cooperación de Shanghai, un mecanismo de seguridad regional, liderados por China y Rusia, especialmente preocupados por los intentos de la Casa Blanca de hacer pie en un área muy sensible para dichos países, especialmente desde 2001 cuando Estados Unidos en el marco de la Guerra global contra el terrorismo, se instaló en Afganistán (hoy convertido en un atolladero) y comenzó a proyectarse sobre países vecinos. Moscú no hizo esperar su respuesta, como mantener un despliegue militar concreto y llegar a un acuerdo con China, un aliado, que Rusia busca contener a través de mecanismos de cooperación y ayuda militar, dado que este gigante extiende su influencia en áreas sensibles como Siberia, gran vacío estratégico.

El Cáucaso fue otro escenario de colisión entre una OTAN que busca avanzar hacia el Este. Georgia, antigua república filo rusa, luego se convirtió en estrecho aliado de Estados Unidos. Sin tener en cuenta la existencia de conflictos con minorías nacionales abiertamente pro rusas. En 2008, Rusia luego de una serie de incidentes de frontera, barrió con el ejército georgiano y logró que Osetia del Sur se convirtiera de hecho en estado independiente. Las tensiones con la OTAN no cesaron. Ahora el conflicto se trasladó a Ucrania, donde una serie de crisis políticas, terminando con el llamado “Euromaidán” en 2013. Amplios sectores de la población ucraniana se mostró favorable a integrar el país a la Unión Europea. La caída del presidente pro ruso  Víktor Yanukóvich, abrió las puertas a un gobierno favorable a integrarse a la OTAN. Algo inaceptable para los intereses rusos, agregándose que Ucrania es un país, donde más del 40% es rusoparlante. Las regiones industrializadas del este de Ucrania, pobladas por rusos, sin ninguna duda perjudicados por la posible incorporación a la UE, estallaron en rebelión.  Putin, hizo una gran jugada. La crisis de Crimea, en 2014, significaron sanciones económicas, que afectaron a Rusia, pero la anexión de este territorio (que fue ruso en tiempos soviéticos hasta mediados de los 50) formaba parte de un acto de vital importancia, desde lo geopolítico, por conservar la estratégica base naval de Sebastopol y dar una señal clara para los Estados ex soviéticos en relación a las minorías rusas.

La nueva Guerra Fría existe, prueba de ello es la presencia de la OTAN en los países Bálticos, al ayuda prestada al gobierno ucraniano contra los separatistas rusos en el este, donde han creado dos repúblicas, que libran una guerra con apoyo velado de Rusia. El escándalo de la ataque químico contra el agente de inteligencia ruso (refugiado en el Reino Unido) Serguei Skripal, pone en evidencia la existencia de crecientes tensiones, entre Estados Unidos y parte de sus aliados con Rusia. Esta tensión es percibida por países neutrales, como Suecia y Finlandia, que han incrementado sus inversiones en defensa nacional.  En este marco de tensiones con el lanzamiento del misil estratégico Kinzhal, generó malestar y temores en muchos países. Debemos poner atención que estos ensayos se desarrollaron en medio de una suerte de acercamiento entre Corea del Norte y Estados Unidos, hablándose de una cumbre Kim y Trump. Nosotros consideramos que Rusia ha influenciado en el impredecible régimen norcoreano, a buscar salidas políticas. Mientras tanto como mecanismo de presión, el lanzamiento del misil citado.  Un claro mensaje también a otros posibles adversarios de Moscú y también de aliados, sobre el poderío todavía existente, tras más de dos décadas de la caída de la Unión Soviética.

¿América Latina? El reciente documento de estrategia de seguridad nacional, de Estados Unidos, habla claramente de riesgo el avance de la influencia rusa y china en la región. Algo que parece que los líderes de la región, no toman en cuenta, que mal que nos pese, tarde o temprano seremos campo de batalla de otros intereses. La cuestión es saber por quién o quiénes, deberá tomarse partido. Las señales hacia la región son claras, van desde cooperación militar, hasta gestos de Moscu buscando el acercamiento con diversos países de la región, entre ellos la Argentina. La presencia de un buque ruso, en la búsqueda del submarino San Juan, pone en evidencia que el Kremlin, tiene pensado incrementar su presencia en estas latitudes.

Rusia tiene importantes cuentas pendientes, en el plano político, el sesgo autoritario y hasta autocrático de Putin. Ser opositor a su gobierno no es un “buen negocio”, muchos terminan encarcelados o exiliados, o silenciados de alguna manera. Se vive un clima de nacionalismo político y el país, haciendo honor a su tradición histórica está lejos de ser un modelo de democracia, sino está gobernado por un “hombre fuerte” de un gran talento estratégico, que ha sabido sacar a Rusia de una delicada situación, a posicionarla como actor global, no obstante su debilidad económica, los graves problemas de corrupción, y ha explotado al máximo las falencias del adversario. Sea como fuere, este nuevo “zar de todas las Rusias”, Vladimir Putin, tiene un lugar ganado en la historia, repleto de polémicas, pero que a pesar de los defectos aludidos, ha logrado llevar a Rusia a ser considerado un actor de relevancia, no solo regional, sino global.

Por el Dr : Jorge Alejandro Suárez Saponaro

Corresponsal del Diario el Minuto Argentina

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