Encuentro de Trump y Kim Jong en Singapur: ¿Un avance hacia la paz en la península Coreana?

La reunión efectuada el pasado 12 de junio de 2018 a las 09:00 AM en Singapur, fecha y hora de dicho país, entre el presidente estadounidense Donald Trump y su homólogo norcoreano Kim Jong-Un fue el primer encuentro entre mandatarios de estas naciones. Tras ella, sin poner plazos ni formas, Corea del Norte compromete su desnuclearización, y EE.UU manifiesta su intención de  detener los ejercicios militares que desde Pyongyang consideran una provocación. Además Kim Jong-Un y Trump se cursaron invitaciones para visitar sus respectivos países; Corea del Norte en julio y Estados Unidos en septiembre, a fin de seguir estrechando lazos.

Ahora bien, más allá del revuelo mediático que efectivamente causó está inédita cumbre las dudas apuntan hacia sus reales efectos. ¿Es un avance hacia la paz en la península coreana esta reunión? Evidentemente si, básicamente por tres motivos.

En primer lugar, ambos mandatarios han pasado de ser enemigos acérrimos a lograr sentarse a discutir los problemas de sus pueblos, en igualdad de condiciones. Con ello Estados Unidos no solo está reconociendo a Kim Jong-Un como un líder legítimo y como un interlocutor válido, sino que le reconoce al pueblo norcoreano su derecho a la autodeterminación. Esto pues, por primera vez en este siglo, EE.UU no soluciona sus problemas con el “dictador de turno” lanzándole misiles o invadiendo su país. Quizás en parte haya contribuido a este cambio de política el desarrollo nuclear coreano, capaz actualmente de alcanzar territorio estadounidense.

En segundo término, la misma falta de desarrollo normativo de la declaración de cumbre, punto muy cuestionado por los opositores a Trump, es la mayor garantía de su éxito. Es muy pronto para fijarse plazos y mecanismos, pues lo principal es definir los puntos claves. Una excesiva reglamentación resta flexibilidad a los acuerdos, cuestión que hizo fracasar en parte las negociaciones anteriores. Dada la estabilidad de ambos líderes, un acuerdo flexible es la mejor opción, pues es el primer paso en un largo camino hacia relaciones cordiales entre ambos pueblos.

Pese a las críticas contra Donald Trump por su desconocimiento de las relaciones internacionales, ha conseguido por ahora lograr el encuentro y acuerdo con los coreanos con el respaldo de Corea del Sur y de China. Beijing ve con buenos ojos el término de los ejercicios militares entre Washington y Seúl, que amenazaban su seguridad tanto como la de Corea del Norte. Así, la potencia asiática se erige en garante de la continuidad de estos acuerdos, dándoles más respaldo que en el pasado.

Japón es el principal perdedor con estos acuerdos. No sólo por el fin de los ejercicios militares, sino debido a que desde el siglo XIX la diplomacia nipona se había esforzado por mantener una Corea débil o sometida ante sus intereses, y la eventual reunificación amenazaría su posición en la región. 

Finalmente, Kim Jong-Un y Donald Trump aparecen como reforzados tras esta cumbre. Ambos vencen la visión conflictiva que se les atribuye en los medios y consiguen, contra todo pronóstico, una reunión y acuerdo que el Ex Presidente Obama jamás estuvo cerca de concretar. Si bien es anticipado dar pronósticos, pues este es únicamente el primer paso hacia lograr la paz en la península, si constituye un gran salto en la historia de las relaciones diplomáticas de Estados Unidos y Corea del Norte.