El “GULAG” del siglo XXI. El drama de Eritrea

En algunos medios especializados en política internacional, recordaron que se cumplen diez años de una guerra entre Eritrea y Etiopía por una aldea fronteriza, trajo a la luz, el drama de un país, Eritrea, que vive en el marco de una atroz dictadura, donde millares de personas, bajo el pretexto de prestar servicio militar, miles de personas reducidas a la esclavitud son obligadas a realizar trabajos forzados y nadie puede salir del país. Quienes los hacen se arriesgan a detenciones, torturas y muertes. Los que tienen suerte de salir, a un futuro incierto que puede terminar en el fondo del Mediterráneo.

La historia de Eritrea viene de los tiempos del reino de Aksum en el siglo I D.C., luego el territorio se vería inmerso en la historia etíope. Se estima que el país tiene unos 5 millones de habitantes, dado que no se hacen censos, el 52% se estima que es musulmana, 45% de cristianos coptos, y el 3% de otros cultos.  A fines del siglo XIX, más precisamente a partir de 1885, la presencia italiana se hace efectiva y luego de la derrota frente al imperio etíope, en 1889, la colonia de Eritrea se consolidaría.  La colonización italiana implicó la llegada de hasta cien mil colonos, que convirtieron a la capital, Asmara, en una próspera ciudad industrial, algo único en África.  Los italianos construyeron hospitales, ferrocarriles, desarrollaron industrias, la agricultura y el comercio. La infraestructura de tiempos coloniales todavía es fundamental para la atrasada Eritrea.  Asmara tiene un estilo art deco con interesantes experiencias urbanísticas, muchas de ella herencia del régimen fascista italiano.  Esta prosperidad, se vio interrumpida con la derrota italiana en África Oriental. Eritrea quedó bajo administración británica, quienes como botín de guerra, desmantelaron ferrocarriles y las industrias existentes.  La población italiana fue objeto de muchos abusos y matanzas, que los llevó a que el territorio quedara borrado cualquier presencia italiana.  Los británicos administraron el territorio hasta 1952, cuando fue convertida en “estado federado” del Imperio etíope.  No entraremos en detalles sobre esta “unión” forzada promovida por Naciones Unidas. Etiopía fue recortando la autonomía de Eritrea que terminó en la formación de dos grupos, el Frente de Liberación de Eritrea, conservador e islamista, y el Frente Popular de Liberación de Eritrea o FPLE con una agenda socialista. Ambos lucharían contra el régimen etíope, aferrado a su posesión, dado que la provincia, le daba salida al mar.

En 1974, el negus (emperador) Hailé Selassie era derrocado por el régimen del “Derg” como se conoció al régimen comunista instaurado por los militares. La guerra de Eritrea se intensificó, llegando el FPLE a movilizar a más de 20.000 combatientes, que recibieron ayuda de Sudán, Arabia Saudita y Egipto. La guerra, las sequías y la dureza del régimen, terminaron con el “Derg” y en 1993, Eritrea luego de un referéndum  se independizó. Pero la libertad, solo quedó de nombre, y las esperadas elecciones libres nunca llegaron, el líder del FPLE, Isaías Afewerki, se convirtió en un dictador   El proceso de consolidación del poder, existe poca información, dado que la presencia de prensa extranjera es nula, solo sabemos que desde 1993 no hay elecciones libres y no existe prensa que no sea del régimen. Es un país hermético, poco y nada se sabe, sino es a través de quienes huyen. La ACNUR – Alto Comisionado de Naciones Unidas para los Refugiados – calculan que unos 3.000 eritreos huyen por mes a través de Sudán (la frontera con Etiopía está muy militarizada). Un caso de esas “huidas” fue el seleccionado de fútbol de Eritrea, que en 2012, luego del partido con Ruanda, sus 17 integrantes, tanto jugadores como plantel técnico, nunca volvieron al avión que lo esperaba en el aeropuerto ugandés de Kampala. Todos huyeron.

En 2015 en una nota publicada por el reconocido periódico español El País, organismos de derechos humanos y autoridades internacionales calculaban 10.000 los presos políticos, detenidos en condiciones atroces. El ejército cuenta con 250.000 personas sometidas a la servidumbre, donde los reclutas son sometidos a un régimen de trabajos forzados. Quienes logran evadirse, son aquellos que logran sobornar a los oficiales y cuadros, el resto puede permanecer de por vida como trabajadores forzados, construyendo carreteras, barrios para la elite gobernante, en las minas (donde las condiciones de trabajo son inimaginables). Amnistía Internacional, como otras ONG ‘s de derechos humanos denuncian de detenciones arbitrarias y desapariciones que afectan a millares de personas. Los detenidos son torturados hasta la muerte.  No hay garantía legal alguna.  A nivel humanitario unos 300.000 menores de edad están riesgo de morir por las minas antipersonal, dado que el pais está sembrado de ellas luego de treinta años de guerras.  En el mismo diario, recoge el testimonio de un refugiado eritreo que hizo a Amnistía en 2015. “Las palizas que te dan los carceleros cuando te cogen por intentar escapar del país son brutales. Te golpean fuerte con porras de madera. Pasas días sin poder moverte”. Otro detenido al que llamaremos Malick, asegura que “todos acaban confesando que han intentado irse del país, lo que les vale a los policías para acusarte de intentar enrolarte en los grupos armados disidentes. Eso te valdrá otra paliza. Y otra más”. Hoy hay más de 40.000 refugiados eritreos en Israel, 87.000 en Etiopía y 125.000 en Sudán. Son náufragos en tierra de nadie, el limbo después del infierno. (http://www.elmundo.es/internacional/2015/04/19/5533792de2704e1f458b4576.html)

Quienes  escapan corren el riesgo de ser devueltos, como muchas veces hace el gobierno egipcio, que es una garantía de una muerte segura en las atroces cárceles del dictador Afewerki. No obstante ellos, muchos apuestan a sortear las mafias, guardias fronterizos, desiertos y sinnúmero de dificultades en busca de la libertad. Muchos se horrorizan por los sirios que huyen de la guerra, pero pocos saben de este pueblo que huye del gigantesco gulag que es Eritrea. Al nacer, el eritreo será arrojado en el 70% de los casos a una vida de miseria y pasará hambre la mitad de las veces, según datos del Banco Mundial y UNICEF. Menos del 50% de la población puede ir a la escuela, mientras que el resto podrá dedicarse al comercio local o actividades agrícolas.  La Universidad fue cerrada hace una década luego de protestas estudiantiles. “Cuando un niño llega a los 15 años, sea del sexo que sea, es el momento de huir antes de quedar atrapado en el servicio militar”, declaran nacionales al observatorio International Crisis Group (ICG).(https://www.20minutos.es/noticia/2498940/0/eritrea/pais-nadie-quiere-vivir/miedo-a-todo-el-mundo/#xtor=AD-15&xts=467263). Como hemos venido diciendo, huir conlleva un alto costo, ya sea la propia vida o pagar 6.000 euros, que es el costo del documento firmado por el presidente mismo, para poder salir del país. Un dinero que muy pocos tienen.  Pero el calvario no termina ahí, el estado cuenta con un aceitado servicio de espionaje, que se extiende a los campos de refugiados y ciudades donde viven los exiliados. El miedo que envenena a los eritreos alcanza a sus líderes, quienes temen (y “matan de forma sistemática”) a miembros de los únicos colectivos que podrían desafiar al Gobierno: una minoría de gente con educación, ricos y celebridades. (Ver más en: www.20minutos.es/noticia/2498940/0/eritrea/pais-nadie-quiere-vivir/miedo-a-todo-el-mundo/#xtor=AD-15&xts=467263). El drama también salio a la luz a través de WkiLeaks, donde diplomáticos de Estados Unidos informaron sobre el clima de represión y la salida mensual de millares de eritreos por la ausencia de libertad y las condiciones de vida que existen en el país. Esto llevó en su momento a la Casa Blanca en 2009 a emitir diversas sanciones.

El sector privado prácticamente no existe, solo una empresa privada, de capital italiano, produce camisas, el resto de las pocas empresas e industrias son estatales. En un documental de la Deustche Welle en 2015, toma nota del clima de represión que existe en el país. Preguntados los funcionarios sobre la dura situación que vive la población, estos acusan directamente a la Unión Europea y los Estados Unidos. Nadie en la calle se atrevió hablar de política y menos dar una entrevista a la corresponsal de la citada cadena germana.

Uno de los fundamentos que tiene el régimen para semejante represión, es el estado de conflicto con Etiopía. En 1998 el control de la localidad fronteriza de Badme, desencadenó una guerra entre los dos países, que costo a las partes millones de dólares y 80.000 muertos, además de millares de desplazados. El conflicto terminó con el pedido de cese del fuego de Eritrea, luego que fuerzas etíopes ocuparan un cuarto del territorio enemigo y provocara la huida de 650.000 personas. A pesar del Acuerdo de Argel entre las partes, Etiopía se mantiene inamovible en su posición, a lo que se agrega el respaldo de Estados Unidos al régimen de Addis Abeba, que ha tenido un papel en la estrategia de la Casa Blanca en la región.  La disputa se extiende a lo largo de 1.000 km de frontera común, que desde tiempos coloniales su demarcación nunca hubo acuerdo entre las partes. Etiopía se niega a reconocer el arbitraje que otorgó la franja desértica de Badme a Eritrea y mantiene fuerzas en las la zona ocupada. Se estima que cien mil soldados etíopes están desplegados en la zona, frente a 120.000 eritreos.

Mientras que el mundo se conmueve de los naufragios que le cuesta la vida a cientos de refugiados que huyen de Siria, pero también de otros lugares, un porcentaje de quienes perecen y nadie menciona, son eritreos, que  escapan parafraseando el titulo de la célebre obra de Aleksandr Solzhenitsyn – del “archipiélago gulag” que es Eritrea.

Por el Dr Jorge Alejandro Suárez Saponaro

Corresponsal de El Minuto para Argentina.