El ascenso de los mediocres en Argentina

El presente artículo, mas que eso, es una serie de reflexiones, de este Corresponsal, al observar las noticias de estos últimos tiempos. En 1980, cuando nací, eran tiempos de un régimen dictatorial, la pobreza no excedía el 20% de la población y el desempleo rondaba el 5/6%. La llegada de la democracia trajo muchas esperanzas, pero existían pesadas deudas políticas, económicas y el drama del subdesarrollo. La Argentina desde la crisis del modelo agroexportador de 1930 no pudo, no supo construir un modelo de desarrollo alternativo. La primera potencia de América latina comenzaba su lento ocaso, no por una guerra, sino por la responsabilidad de su clase dirigente. El tiempo pasó, y los males de la Argentina continuaron presente. La inflación mal endémico del país, tuvo como receta la convertibilidad, apoyado por la reforma del Estado, que más que reforma fue un verdadero desguace, que terminó con los ferrocarriles, la competitiva marina mercante, aparición de monopolios/oligopolios, elevados índices de desempleo y un déficit fiscal alimentado por deuda externa, Mientras tanto, nos decían que era el precio para ingresar el primer mundo, las relaciones “carnales” con Estados Unidos. Pero seguíamos siendo fieles a la mejor tradición tercermundista con pobreza, marginalidad, corrupción, creciente inseguridad en las grandes áreas metropolitanas. Vino la crisis del 2001, el que se vayan todos y largo etc. Hablaban de la crisis como si el país era la Alemania de 1945. Lo que salió a la luz, era una pobreza estructural, alimentada por políticas que no respondían a los intereses de los argentinos, sino más bien a otros intereses, entre ellos los bolsillos de muchos políticos, empresarios amigos del poder. Etc.

La “fiesta” de los 90, nunca nos introdujo al “primer mundo” sino nos dio varias herencias, entre ellos una o dos generaciones que no vieron a sus padres trabajar, atrapados muchos en estructuras de planes sociales eternos, condenados a vivir en barriadas pobres, donde el Estado hacía largo tiempo que tocó retirada. La agonía de muchos pueblos por la destrucción del ferrocarril (la Argentina tuvo la industria ferroviaria mas avanzada de América latina, ahora son unos cuantos talleres que luchan por sobrevivir), la destrucción de muchas industrias que se vieron seriamente perjudicadas por la paridad cambiaria con el dólar, un déficit habitacional que afectó, y lo sigue haciendo, a casi el 10% de la población. Millares sin cloacas, agua potable, una gran parte del país sin gas natural de red, etc.  En esos tiempos, países que en los 70, que estaba por detrás de la Argentina, se desarrollaron vertiginosamente y emergieron como potencias económicas. Ejemplo de ellos, Vietnam, Corea del Sur, Singapur.

En 2003 comenzó un proceso político complejo,  donde la polarización, el constante recuerdo del pasado – lo peor del pasado reciente de la historia argentina – atrapó a sectores de la opinión pública, y no hizo más que generar mayor fractura. Crecíamos a tasas chinas – eso cuenta la leyenda – pero no tenemos noticias que se hayan reconstruidos ferrocarriles, roto barreras contra el subdesarrollo. Determinada bonanza derivada de la devaluación de la moneda, los cuantiosos recursos del nuevo “oro verde”, la soja, le permitió al gobierno surgido de aquel entonces capitalizar votos, aprovechando la estructura clientelar de los planes sociales por doce años. La oposición tampoco ofrecía alternativas al electorado, y en mas de un caso proponían volver a recetas aplicadas en los 90. El período de 2003-2015, la corrupción fue una regla, enormes subsidios no implicaron mejoras en los servicios públicos o infraestructura. La “Tragedia de Once” donde medio centenar murió en un accidente ferroviario, fue prueba del estado catastrófico de la red de trenes del área metropolitana. El Estado comenzó a crecer desmesuradamente en sus niveles federal, provincial y municipal, llegando hoy que casi el 30% del sector laboral formal trabaja en alguna repartición pública. Mientras que el sector privado comenzó a sentir la presión de un Estado gigantesco e ineficiente. Agregándose el elevado nivel de informalidad de la economía, que ronda el 40% con importantes índices de subocupación y desempleo. La incapacidad de resolver el drama de la inflación, el creciente gasto públio y la imposibilidad de asumir errores, como de generar consensos para políticas de Estado, dejó a la Argentina con un enorme déficit fiscal, un desempleo de más del 10% y una pobreza del orden del 30%. Miles de millones se fueron en subsidios, gasto público para sostener administraciones cada vez más pobladas de empleados, prebendas, sobreprecios y problemas de gestión.  El llamado “Cambio” tan esperanzador, no dio los resultados a la vista. El ansia de muchos sectores de establecer mecanismos de diálogo, fue reemplazado no por consensos a través, por ejemplo de un Consejo Económico Social, sino por el “círculo rojo” donde la barrera entre obsecuente/fiel partidario es difusa.  El clima de distensión no fue explotado y se aplicaron recetas, que no han dado resultado, y que el gobierno no quiere reconocer, apela a la experiencia conocida como “el relato”, marketing y la promoción de debates públicos que van desde cuestiones judiciales donde desfilan funcionarios del gobierno anterior, hasta el uso de las fuerzas armadas en seguridad interna, y el tema del aborto. En este último caso, promoviendo una legislación contraria a la Constitución Nacional.

El oportunismo político impide ver los verdaderos problemas profundos de la Argentina, atados al drama del subdesarrollo. Vivimos en un país exportador de alimentos, pero donde muchos les cuestan llevar el pan a casa; enormes espacios territoriales, pero millares viven aglutinados en áreas metropolitanas cada vez más inseguras, cargadas de problemas por superpoblación, déficit habitacional y servicios deficientes.  Políticas irresponsables, hacen de la Argentina tenga problemas de competitividad por no contar con puertos adecuados, red de ferrocarriles, vías fluviales explotadas parcialmente, importa energía, cuando podría ser un exportador neto de ello, gracias a su potencia hídrico, nuclear, eólico, geotérmico.

Los medios de comunicación nos inundan con debates intrascendentes, de opinólogos, pseudoexpertos y charlatanes de todo tipo. Nadie nos dice como generar empleo y oportunidades para un millón de jóvenes de 15-24 años que no trabajan o estudian. Algunos creen que es el servicio militar, otros con planes sociales, con limosnas.  La deserción escolar que tiene niveles alarmantes, para la orgullosa Argentina que se caracterizaba por tener uno de los índices más elevados de alfabetización de la región. El problema de la pobreza estructural, a lo que se agrega la inmigración creciente de países de la región y ahora de Venezuela, incrementando el número de pobres y de competidores para un decreciente número de puestos de trabajo. Muchos se llenan la boca de los pueblos originarios, con especial atención en áreas ricas en minerales y recursos estratégicos, los que viven en el norte del país, como la zona del Chaco, pareciera que no son prioridades para estos presuntos defensores.  Importamos trenes, cuando tuvimos la industria mas desarrollada de la región exportando a Chile, Uruguay, Cuba material rodante, locomotoras, etc. Gastamos mas de US$ 3.000 millones para llevar nuestros productos al otro lado del océano, cuando tuvimos una marina mercante competitiva y de alto nivel. Hoy los pocos astilleros, la mayoría ociosos esperando el regreso de los buenos tiempos.

Mientras veía en las calles la gente, la mayoría jóvenes o muy jóvenes, con sus pañuelos a favor o en contra de la despenalización del aborto, vociferando, cantando, como si fuera un partido de fútbol, reflexionaba sobre un sistema de salud colapsado, con serios problemas de insumo, profesionales víctimas de la inseguridad, el creciente número de transmisión de enfermedades venéreas, como los países más pobres del África Subsahariana, del millón de personas que sufren de Mal de Chagas, el drama de la salud de nuestros mayores que les recortan el número de medicamentos a recibir gratuitamente. La dependencia de tecnologías punteras para equipamiento médico o producción de medicamentos. La oportunidad de debatir una Política Nacional de Salud de largo plazo, queda limitado sobre legalizar el aborto o no. Pareciera que el valor vida, queda relativizado, ignorando lo que dice nuestras leyes y la mejor tradición jurídica argentina en la materia.

Tenemos tres millones de personas con problemas habitacionales, muchos de ellos arrastrados a villas miseria y marginalidad por las eternas crisis que vivimos. El creciente costo de los alquileres lleva a que muchos terminen en barriadas pobres. El sueño de la caza propia, una quimera. En estos últimos treinta años ningún gobierno pudo hacer frente a este problema, por varias razones, pero es un drama silenciado, con consecuencias sociales muy fuertes.

La Argentina atraviesa una crisis de valores, la familia ha sido puesta en entredicho, célula fundamental de cualquier sociedad donde el individuo aprende a vivir bajo reglas y comienza a tener la idea de “convivencia”. Esto se traslada a la escuela. Si destruimos la familia, destruimos los conceptos de regla y convivencia. Entonces queda poca esperanza de romper con el ciclo de violencia creciente en todos los niveles que afecta a la sociedad. Potenciamos el individualismo, el  “no te metás”. La “vieja” Argentina que recibió a millares de inmigrantes, logró importantes hitos, gracias a la solidez de la institución familiar y la escuela, mecanismo de convivencia entre personas de distintos orígenes, no solo por ser hijo de inmigrantes, sino también social. El valor trabajo también se ha deteriorado, como el ascenso social a través del mérito.

Algo pasa en Argentina, y es muy serio, en atención a la degradación de las instituciones por la corrupción. Existen importantes sectores de población que crecen con rencor por la injusticia, la falta de oportunidades, un verdadero caldero. Quienes soñaron la Argentina, lo hicieron en tiempos de violencia y guerra civil, pobreza y aislamiento. Lograron gracias a un pacto, que está inserto de alguna manera en el Preámbulo de la Constitución. El sueño de construir una gran nación, no para conquistar y oprimir a sus vecinos, sino para abrir las puertas a todas las personas de buena voluntad, que gracias al trabajo, la educación, la libertad y los valores, harían de este país un verdadero “faro” o ejemplo para los países hermanos.

Atravesamos una situación difícil, que es imperioso ser superada, volviendo a los valores de quienes fundaron la Nación. Que los mediocres no se salgan con la suya, porque esta Argentina que ellos nos quieren imponer, no es la verdadera, es solo un intento de ocultar sus graves crímenes que nos han llevado a vivir estos tiempos de zozobra y oscuridad.