Colombia socio global de la OTAN

Vamos a formalizar en Bruselas, la semana entrante, el ingreso de Colombia a la OTAN en la categoría de socio global”, dijo el ex presidente Juan Manuel Santos en un discurso televisado y también a través de Twitter.

El anuncio del ex presidente Santos coincidió también con la novedad que el país ingresó a la OCDE. En lo referente al status de socio global de la OTAN, surge del wb site de la citada organización su definición:“desarrollan cooperación con la OTAN en áreas de interés mutuo, incluidos los desafíos de seguridad emergentes, y algunos contribuyen activamente a las operaciones de la OTAN, ya sea militarmente o de alguna otra manera“. Bajo este status encontramos a Australia, Nueva Zelanda, Corea del Sur, Japón, Irak. Mongolia, Pakistán y Afganistán.  Un rápido repaso nos permite inferir que estos socios globales se ubican en áreas de interés de los Estados Unidos, algunos de ellos ubicados en zonas realmente sensibles y de vital importancia estratégica para la política global de Washington. En varios de estos socios, existen bases y facilidades para el despliegue de fuerzas de Estados Unidos, como también una importante presencia de asesores y “contratistas” vinculados apoyar acciones en materia de seguridad.

Los lazos con Estados Unidos fueron vitales para Colombia, para poder enfrentar con éxito la lucha contra el terrorismo, gracias a su generoso financiamiento pudo adquirir equipamiento y fondos para operaciones para llevar a cabo acciones en profundidad contra grupos terroristas como las FARC, ELN, Autodefensas y bandas narcotraficantes. Los lazos con Washington se han ido estrechando con la pésima relación con Venezuela, que bajo el chavismo, hubo un abierto enfrentamiento entre las partes, con concentraciones de tropas, escaladas verbales. Esta relación complicada viene de lejos, dado que en 1987 ambos países casi van a la guerra, por delimitación de espacios marítimos.  El conflicto interno colombiano, también fue motor de conflictos entre ambos países, antes del chavismo y cuando este accedió al poder en Caracas en 1999.

Los argumentos expuestos por el gobierno de su nuevo status, está relacionado con promover la seguridad, mejorar la imagen del país y tener un papel relevante en la seguridad internacional.  Algunos expertos fronteras adentro indican que lo beneficioso de esto es el acceso a intercambio de inteligencia, programas de adiestramiento.  En medios especializados se habla abiertamente de la posibilidad de acceder a equipamiento militar con ciertas facilidades. Su vecino venezolano adquirió en su momento tanques, blindados, aviones de combate de alta perfomance Su 30, y un sofisticado sistema de defensa antiaérea, considerado el mejor de la región.  Los cambios internos, en relación al conflicto interno, indicarían la necesidad de una profunda reestructuración de las fuerzas armadas, sin abandonar cuestiones vinculadas a la seguridad interna (debido a los elementos disidentes de las FARC y las actividades del ELN y grupos criminales), pero es altamente probable que haya una mayor prioridad al desarrollo de capacidades convencionales.

La alianza entre Colombia y la OTAN, habilita a esta organización internacional a contar con un socio en América Latina, región que tiene un creciente interés por parte de intereses rusos y chinos. Recordemos que el último documento sobre Estrategia de Defensa de la Administración Trump, puso en evidencia que la expansión político económica de China y Rusia en la región afecta a los intereses de Estados Unidos. El ingreso de Colombia sin ninguna duda se vincula con limitar dicha expansión, contar con “facilidades” en un país ubicado estratégicamente en el Norte de Sudamérica, fronterizo con el régimen de Maduro, y con el estratégico Canal de Panamá.  En otras palabras la OTAN cuenta con una nueva base de avanzada en la región, las otras se ubican en las colonias bajo control de Países Bajos, Francia y el Reino Unido, además de las fuerzas de Estados Unidos desplegadas en la zona del Caribe.  Los gobiernos vecinos, especialmente Venezuela han hecho una lectura negativa, al considerar la alianza de Colombia con la OTAN, como un mensaje claro contra el régimen de Caracas. La situación no es para nada fácil, dado que 1 millón de venezolanos están en Colombia y el flujo de migrantes no ha cesado, dado la crisis que atraviesa Venezuela.

La primera potencia regional, Brasil, poco o nada se manifestado sobre el ingreso de Colombia a la OTAN como socio global. En su momento, los acuerdos entre Colombia y Estados Unidos sobre la posibilidad brindar “facilidades” para la presencia de asesores, generó fuerte oposición regional, donde Brasil tuvo su papel, receloso de cualquier base extraregional que se instale en áreas fronterizas a la Amazonía. La realidad política interna de Brasil, la crisis existente, ha mantenido a dicho país con una posición distante.

Desde nuestra perspectiva, el ingreso de Colombia como socio global de la OTAN, es consecuencia de una región que nunca tuvo la capacidad de generar un sistema cooperativo de seguridad. Bogotá aceptó la ayuda de Estados Unidos, dado que la región no tuvo una postura al respecto y no existió la voluntad política para brindar apoyo político y militar. La escalada con el régimen de Caracas, que no es más para nosotros una continuidad de la tradicional rivalidad geopolítica de ambos estados, ahora potenciado por factores internos y externos, llevó a Colombia a buscar un “paraguas” que le brinde seguridad ante una situación mucho más compleja con Venezuela. Los refugiados, las diferencias en materia de delimitación de espacios marítimos, los problemas de seguridad fronteriza, unido a profundas diferencias políticas, crean escenarios de conflictos, donde el empleo de las fuerzas militares no es una idea peregrina. Bogotá busca seguridad y los Estados Unidos, a través de la OTAN, consolida su presencia y alianza política militar, y cuenta ahora con una plataforma de proyección hacia la región. Esta realidad indica que la región tarde o temprano puede ser escenario de colisión de intereses extrarrgionales, lo que impedirá de alguna manera la construcción de un espacio de cooperación no solo económico y político, sino en materia de defensa y seguridad. El retiro del apoyo del grueso de sus integrantes de la UNASUR, que solo existe de nombre, es prueba evidente de lo que decimos.

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